jueves, 2 de octubre de 2008

René Char


folto: Selina

Me hallaba dentro de uno de esos bosques donde el sol no tiene acceso pero en los que, de noche, penetran las estrellas. Aquel lugar solo tenía permiso de existencia porque la inquisición de los Estados lo había descuidado. Las servidumbres abandonadas me acentuaban su desprecio. La obsesión de castigar me había sido retirada. A trechos, el recuerdo de una fuerza acariciaba la fuga campesina de la hierba. Yo me gobernaba sin doctrina, con una vehemencia serena. Era el igual de cosas cuyo secreto cabía dentro del radio de un ala. Para la mayoría lo esencial nunca ha nacido, y quienes lo poseen no pueden intercambiarlo sin perjudicarse. ¡Nadie consiente en perder lo que ha conquistado por la fuerza del propio sufrimiento! De otro modo ello significaría la juventud y la gracia, fuente y delta tendrían la misma limpidez.

Me hallaba dentro de uno de esos bosques donde el sol no tiene acceso pero en los que, de noche, penetran las estrellas para implacables hostilidades.

PENUMBRA (Los leales adversarios)



Basta de cavar , basta de mirar la parte próxima. Lo peor se halla dentro de cada uno, como cazador, en su flanco. Tu que no eres aquí más que una azada que el tiempo levanta, vuélvete sobre lo que amo, que está sollozando a mi lado, y rómpenos-te lo ruego- para que yo muera de una santa vez

BASTA DE CAVAR (El Manantial Narrativo)


Vencejo con alas demasiados grandes, que gira gritando su gozo alrededor de su casa. Tal el corazón.

Deseca el trueno. Se aparea en la serenidad del cielo. Si roza el suelo se desgarra.

Su réplica es la golondrina. La detesta por familiar. ¿Qué puede igualar al encaje de la torre?

Se posa en el hueco más sombrío. Nadie está más estrecho que él.

En el verano de larga claridad, se deslizará en las tinieblas por las persianas de la medianoche.

No hay ojos que lo retengan. El grito es toda su presencia. Un frágil fusil va a abatirlo. Tal el corazón.

(El vencejo)